



Los guantes de protección personal son la primera línea de defensa en cualquier entorno de trabajo manual, diseñados para mitigar riesgos que van desde abrasiones leves hasta quemaduras químicas o cortes severos. Su elección no es estética, sino técnica, basada en el tipo de peligro específico al que se expone el usuario.
El uso correcto de guantes reduce hasta en un 60% las lesiones en manos dentro del sector industrial y de la construcción, siendo uno de los elementos de seguridad con mayor retorno de inversión en salud laboral.
Para que la protección sea efectiva, se deben seleccionar según su composición y resistencia:
Riesgos Mecánicos (Corte y Abrasión): Fabricados habitualmente en nitrilo, cuero, o fibras de alto rendimiento (como el Kevlar). Son esenciales para el manejo de herramientas, discos de corte, láminas de metal o materiales de construcción.
Riesgos Químicos: Guantes de látex, neopreno o PVC. Actúan como una barrera impermeable contra ácidos, solventes, aceites y sustancias corrosivas que pueden causar quemaduras o ser absorbidas por la piel.
Riesgos Térmicos: Diseñados con materiales aislantes para soportar altas temperaturas (como en la soldadura) o frío extremo en entornos de refrigeración.
Riesgos Eléctricos: Guantes dieléctricos de goma, certificados para soportar diferentes niveles de voltaje, vitales para trabajos en tableros eléctricos o redes de energía.
Criterios de Selección Técnica
Nivel de Destreza: En trabajos de precisión (como ensamblaje electrónico), se requieren guantes de galga fina que permitan la sensibilidad táctil sin sacrificar la protección.
Talla Adecuada: Un guante demasiado grande reduce el agarre y puede quedar atrapado en maquinaria; uno muy pequeño causa fatiga y se rompe con facilidad.
Certificaciones (Normas EN): Es fundamental verificar los pictogramas en el dorso del guante. Por ejemplo, la norma EN 388 mide la resistencia a la abrasión, corte, desgarro y perforación.
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