



Un detector de humo, también conocido como sensor de humo, es un dispositivo electrónico diseñado para detectar la presencia de humo en el aire dentro de un espacio físico o área determinada, lo cual puede indicar la existencia de un posible incendio, y están diseñados para activar una señal alarma, ya sea en el propio dispositivo o por medio de la conexión a un sistema de alarma y detección de incendio.
Estos dispositivos son esenciales para la seguridad en edificios residenciales, comerciales e industriales ya que pueden detectar el humo en sus primeras etapas, permitiendo una respuesta rápida y la activación de sistemas de alarma contra incendios.
Según el tipo de tecnología empleada existen varios tipos de detectores o sensores de humo, así como múltiples aplicaciones según el tipo de necesidad o riesgo. Los dos principales son los detectores de ionización y los detectores fotoeléctricos:

Estos detectores contienen una cámara de ionización que contiene partículas cargadas eléctricamente. Cuando el humo entra en la cámara, afecta la corriente eléctrica entre las partículas cargadas, lo que activa la alarma. Este tipo de detector es especialmente sensible a los incendios con llamas abiertas que se esparcen o crecen rápidamente.
Funcionamiento:
Este tipo de detector se caracteriza por su capacidad de detectar pequeñas partículas que tienen poca incidencia con la luz. Estos equipos tienen una recámara que contiene una muy pequeña cantidad de un elemento radiactivo (americio 241), el cual, al emitir radiación, tiene la capacidad de ionizar el aire.
La radiación pasa a través de una cámara abierta al aire en la que se encuentran dos electrodos, permitiendo una pequeña y constante corriente eléctrica. Si entra humo en esa cámara, se reduce la ionización del aire y la corriente disminuye o incluso, se interrumpe, con lo que se activa la alarma.

Los detectores de humo de mayor uso son los de tipo fotoeléctrico. Estos detectores utilizan un haz de luz y un sensor fotodetector y cuando el humo entra en la cámara, dispersa la luz, lo que activa el sensor y desencadena la alarma. Estos detectores son efectivos para detectar incendios que generan humo visible, como los incendios lentos y con humo denso.
Otros tipos pueden ser los de tipo iónico, barrera, aspiración, y aunque no es catalogado como detector de humo en sí, ya hay cámaras que permiten la detección de humo por video.
Funcionamiento:
Estos detectores, a veces llamados detectores puntuales, son ampliamente usados. Utilizan una fuente de luz y un receptor fotosensible dentro de una recámara especial y para que ocurra la detección, el humo debe llegar hasta el detector e ingresar a una recámara especial dentro de la cual está la fuente de luz y el elemento receptor de luz.
Cuando las partículas de humo ingresan a la recámara, la intensidad de luz entre la fuente y el receptor cambia y de acuerdo con la densidad de partículas que opacan la luz, se produce la activación del sensor pasando a estado de alarma.

Usualmente, los detectores o sensores de humo inalámbricos se consideran alarmas de humo o alarmas de incendio cuando son de tipo autónomo, es decir, tienen un funcionamiento a baterías.
Los dueños de las propiedades, arrendatarios o administradores del local deben hacer la revisión de su funcionamiento y verificar el estado de la batería al menos dos veces por año. La mayoría de estos equipos tienen un botón para verificar el estado o funcionamiento y, además, comprobar que las baterías aún pueden operar el equipo y activan la señal audible de alarma.
Es importante tener en cuenta que la velocidad de respuesta puede variar en función de la altura del sitio, la ubicación de los detectores, la configuración del sistema (si se trata de un sistema cableado o conectado a un panel de control de alarma), la sensibilidad del dispositivo y las condiciones ambientales como temperatura, humedad, corrientes de aire y el tipo de humo producido por la combustión.
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